Recuerdo que, cuando era pequeño,
tenía una bandera roja que ataba a mi cuello como si fuera una capa. Mis padres
le pegaron una paloma blanca en actitud de vuelo; no me malinterpreten, no es
que no me gusten las palomas de la paz, esa me gustaba, pero hacía que mi capa
roja fuera menos roja y, lejos de la intención parental, muy comunistas ellos,
para mí era la capa de Superman. Obviamente había cosas que no entendía muy
bien, pero con los años, mi consuelo llega al ver que la izquierda sigue sin
entender nada, como yo entonces, cuando jugaba a ser el símbolo del estilo de
vida americano mientras el "PC punto" comenzaba a llamarse PCPE a mi
alrededor.
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"Nunca volveréis a pasar hambre camaradas" |
Leo con interés en Twitter las
acaloradas discusiones sobre el #25S, en ocasiones con fruición, las más veces
con duda y muchas otras con un terrible y desolador desconcierto. No voy a
discutir si está bien o está mal, he leído razones para lo uno y para lo otro, para
el fin que nos ocupa, sólo interesa el lenguaje utilizado, sobre todo entre los
defensores, en general más fieros en sus interacciones, y su proyección sobre
la realdidad...
Sí amigos, tras una breve lectura
de la izquierda tuitera (permítanme utilizar el término castellanizado), uno se
ve envuelto en una espiral de "camaradas, compañeros, soviets, gulags,
libertarios, marxistas, leninistas, rojos" y alguna frase hecha como
"ni un paso atrás", "socialismo o barbarie", aunque lo más
peligroso es confundir los fascistas, con los "patronos" (Dios mío ¡patronos!)
con los neoliberales y con curas...
Por si alguien no lo sabe, la
orden nº 227 se redactó el 28 de Julio de 1942 de mano del Gral. Vasilevski y
por orden de Iósif Stalin, tras observarse la ineficacia de una orden que en
1941 el líder ruso había dado a la Stavka:
"quien quiera que (...) se rindiera será considerado un desertor malicioso, cuya familia debe ser arrestada como familia de uno que falta a un juramento y traidor a la patria. Tales desertores deben ser ejecutados en el acto. Aquellos que caigan en un cerco (...) y que prefieran rendirse deben ser destruidos por todos los medios y sus familias deben ser privadas de toda asistencia y estipendio del estado".
Supongo que a Stalin le pareció
poco "firme", así que la orden fue rescrita y aplicada con
protocolaria eficiencia por los altos oficiales del ejército ruso. Así nació la
orden nº 227, en la que quedaba fijado que
"los que siembran el pánico y los cobardes deben ser destruidos en
el acto" y que "la mentalidad de retirada debe ser eliminada".
Por esa orden se formaron destacamentos (a
veces de la propia NKVD) dispuestos en segunda línea para "abatir a
cualquier soldado que tratara de escapar" y que, por supuesto, no iba tan
bien armado y muchas veces tenía que esperar a la muerte de un
"camarada" para poder coger un fusil.
Por esa orden los soldados rusos
tuvieron que disparar a las madres de Stalingrado cuando intentaban atravesar
el Volga con sus hijos en brazos para escapar de los bombardeos, porque Iósiv
Stalin se había negado a evacuar la ciudad que llevaba su nombre.
Esa orden fue conocida
popularmente como "Ni un paso atrás".
Pero no quiero ponerme
melodramático. Esta es una trampa menor debida al desconocimiento o, simplemente,
al revisionismo estalinista. Poco más da de sí.
El problema es el imaginario que
se genera tras la repetición de estas expresiones y la proyección una realidad
decimonónica que se intenta encajar en la actualidad como una pieza de Lego en
un Tente (para los más jóvenes, Tente era una línea de juguetes española). Si
intentabas esto te cargabas el Tente y tu hermano mayor te hacía correr por
toda la casa (merecidamente).
Déjenme que me explique. No soy
libertario, ni leninista, puede gustarme la obra de Marx, pero no soy marxista,
como no puedo ser hegeliano o aristotélico (a estas alturas), ni mucho menos
comunista, soviet o camarada... Y, agárrense fuerte, la mayoría de la gente que
inundó Madrid y el resto de España el día 15 de Mayo de 2011 (y 2012) tampoco.
Sé que esto es obvio, pero parece ser que para muchos "camaradas" no.
El éxito del 15M fue la
inclusividad (algo que se entendió bastante bien en un principio), nos guste
más o menos. El éxito fue que gente que no había participado activamente en
protestas anteriores, laborales o estudiantiles, ahora salían a la calle, no por
una guerra ni tras el 11M, sino por problemas socio-políticos. No eran miembros
de partidos o sindicatos, era gente cabreada que lograron lo que otros no
pudimos hacer años antes... sacar las asambleas a la calle, lejos de su
ostracismo habitual; hasta que llegó el 25S y, de nuevo, se empieza a hablar de
secretismo, de "gente que está dentro" y que "alguien
conoce" pero que no se sabe muy bien quienes son, lo que trae problemas
graves de comunicación y, de nuevo, vuelve el asunto a las asambleas (de donde,
por cierto, nunca debió salir).
Pero el daño ya está hecho. Y
aparecen los Soviets. Las nuevas palabras son "los light", o
"flower powers", supongo que la forma que tienen de menospreciar a
los nuevos mencheviques, es decir, a aquellos que no quieren convertirse en la
"vanguardia revolucionaria" y pretenden rebajar el tono de las demandas, pero supongo que existe el miedo de que
se pierdan las exigencias alcanzadas sobre hacia dónde debe dirigirse "el movimiento".
En un mundo discursivo
polarizado, no existe un lugar para la gente que se siente cómoda en los espacios
intermedios, son los "light", los "descafeinados", pero también
los que hicieron fuerte al #15M. Pero da igual, este individuo político necesita su mundo cerrado y controlado, y así puede recurrir a clichés sobre quién es el
enemigo. Nace la figura de Montgomery Burns, un terrible esclavista proveniente
de la industria del carbón y las fábricas de la revolución industrial,
perverso, insatisfecho y capaz de utilizar perritos para fabricar sus zapatos.
Yo me imagino más a un tío
simpático capaz de cambiar "nuestra forma de cambiar el mundo"
(¿quién se acuerda de Dennis Ritchieo de Linus Torvalds?), amante de las
terapias alternativas hasta su propia muerte y principal proveedor de ocio
móvil.
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Sergey Brin I, el Malvado |
Podemos pensar también en Larry
Page (no, no es hermano de Jimmy) o en Sergey Brin. Podemos pensar en empresas
más dinámicas, en gente capaz de leer a Marx y no asustarse como Francis
Fukuyama o como Josep Piqué, presidente de Vueling (esa compañía que muchos
miramos para irnos de vacaciones), mientras nosotros nos horrorizamos de
"el Fin de la Historia" o "Capitalismo y libertad", obras anatemas
que no podemos tener en nuestras estanterías (igual ardemos) y que, por cierto,
estás descatalogadas.
Si buscamos rápidamente en
wikipedia podemos encontrar que la editorial Destino, perteneciente a Planeta,
editó el célebre libro de Hessel "indignaos" y que El manifiesto
comunista lo edita Alianza, que pertenece a Anaya, que a su vez se integra
dentro del grupo Hachette Livre y que este pertenece a Lagardère... un grupo
del que desconocía su total existencia pero que se dedica al siempre lucrativo
negocio del armamento.
Supongo que ningún rojo,
camarada, leninista, bolchevique sería capaz de publicar un texto de Friedman,
lo que no me sorprende porque Lenin fue uno de los pioneros de la cercenar la
libertad de expresión y someter a censura la prensa libre y Milton Friedman es
un tío peligroso que devoraba niños pobres para desayunar. La verdad es que
Friedman era un tipo nefasto que colaboró indirectamente con la dictadura
chilena, lo que no es otro síntoma de lo peligroso que supone polarizar la idea
del mundo y las horribles consecuencias de darse cuenta de que nos molestan todos
los que están en el medio, los que no son Superman, los que sólo son Clark Kent.
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